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Columnas

La energía de la sustentabilidad: la mejor opción

Semana del 02 al 09 de mayo de 2012.

Habitualmente todo lo concerniente al ahorro energético en edificaciones se basa en recetas generales, provenientes de guías que interactúan con el diseño arquitectónico una vez ya proyectado. Muchas veces, improvisadamente y como último recurso.

Esto debe cambiar, pues lo importante es entender el mecanismo fundamental que gobierna la relación entre el edificio y los elementos medioambientales. Esta es un área que está en desarrollo y que está abriendo nuevas formas de ver la arquitectura.

El ‘proceso dinámico de la climatización’ que ocurre en cualquier edificio, y que hemos padecido -por su difícil y pésimo control- en muchos proyectos, recién comienza a comprenderse. Experiencias recientes han demostrado que con una buena elección de formas, materiales, orientaciones, protecciones y otros, se pueden alcanzar niveles adecuados de confort con un mínimo de requerimientos energéticos y de equipos, con las consecuentes ventajas.

Actualmente existe una gran dependencia de los sistemas de control mecánico de ambientes interiores. En parte nos hemos convertido en ‘prisioneros’ de complicados sistemas, hasta el punto de prohibirnos abrir ventanas, que deben permanecer cerradas a fin de facilitar el funcionamiento de las instalaciones de aire acondicionado. Todavía se presta muy poca atención a la diversidad y particularidad de los climas, así como a los materiales de construcción locales.

Lo anterior llega a extremos en que muchas veces el ambiente interior climatizado auxiliarmente es menos grato que el exterior, sin ningún grado de climatización en especial.

Una ventana, un muro y una cubierta van a actuar de un modo distinto y su desempeño individual se va a ‘mezclar’ con el del otro; lo anterior va a depender de la manera en que están dispuestos, de su orientación solar, su calidad constructiva, la hora del día, de la estación del año, del clima, del contexto, de su ubicación dentro del edificio, de su ocupación interior, del régimen de climatización, entre otros. El número y complejidad de la interacción, aun en el edificio más simple, puede generar un problema complejo, y presenta, por su parte, un desafío educacional y práctico para el que quiera lograr una buena obra.

Lo que no está visualizado del todo, sin embargo, es que los edificios, en su proceso constructivo, emplean y botan numerosos materiales e incurren en gastos energéticos que impactan el medioambiente. Las edificaciones tienen un  impacto enorme en el entorno, tanto por la energía que consumen para ponerlas en funcionamiento como por la que se empleó en su edificación.

Es por esto que la arquitectura pasiva, bioclimática o sustentable, es la respuesta  adecuada y forma una parte fundamental del buen diseño arquitectónico.

La respuesta que queda pendiente es qué tipo de tecnología emplear en las edificaciones (tanto para construirlas como para mantenerlas) para lograr una arquitectura sustentable y de acuerdo con nuestra idiosincrasia.

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