Reportajes
Caminar, recorrer, conocer la ciudad y sus calles. Nostalgia de lo que ya no está. Podría decirse que esa mezcla de factores construye el trabajo de Juan Martínez Macari. Pero cómo fue combinando todo para llegar a convertir estos 36 grabados, que muestran los cuatro lados de nueve casas de los alrededores del Estadio Nacional, en la muestra 1940-45. "Mi bisabuelo paterno llegó de Mallorca y se compró una parcela en Ñuñoa, cuando aún era campo. Yo viví en ese mismo lugar hasta los 23 años, por eso conozco este barrio desde muy chico; siempre estuve conectado con sus jardines, con los patios traseros, con la arquitectura de los años 30 y 40, que es cuando se gestó este barrio", cuenta Juan, agregando que se crió ahí y por lo mismo las casas las tiene en su cabeza. "Mi panorama más esperado, desde siempre, era recorrer la ciudad. Caminar y observar estas construcciones es parte de mi sistema de trabajo. Me interesa lo que hacen sus habitantes con los antejardines, lo que pasa con las fachadas, los signos de arquitectura, como aparece en ella la geometría…".
¿Y cómo surge este trabajo? Quise perpetuar el esplendor arquitectónico que tuvo este barrio hasta la década de los 50. El proceso surgió a partir de la pérdida de este modelo de ciudad por la superposición del nuevo modelo de edificación. Partí mi primer ejercicio construyendo en un papel milimetrado un dibujo a memoria de los cuatro lados de mi casa; el dibujo fue la base del primer relieve sobre papel. Ese proceso fue diferente al de los relieves de la muestra, ya que estos están construidos a partir de los planos arquitectónicos de las casas, pero ese fue mi punto de partida.
¿Cómo elegiste las casas que querías representar? Hice un ejercicio tipológico definiendo un tipo de casa. El modelo se repite en todas las fachadas principales de la serie y corresponde a las casas de dos pisos con un ventanal largo a uno de sus lados (caja de luz de la escalera). El tipo arquitectónico con el que trabajé está estrechamente vinculado a los procesos de abstracción geométrica del arte. Además, los diseños de estas casas son muy sintéticos, y dentro de su mestizaje formal aparecen auténticos rasgos de arquitectura moderna, donde se empieza a eliminar la ornamentación y la construcción empieza a tener su propio lenguaje: planos limpios, ventanas circulares, líneas muy puras. Si bien esta 'modernidad' se demuestra más en un diseño de fachada que en el concepto elemental y estructural de las casas, lo que me interesa, la composición geométrica, aparece claramente.
El proceso
Todas las casas que Juan Martínez escogió fueron construidas entre 1940 y 1945 por arquitectos chilenos y extranjeros. Él las retrató en sus recorridos por el barrio, de ahí las fotografías de las cuatro fachadas de cada una que fue juntando y que finalmente dieron vida a la muestra. "Me llama la atención que este barrio cumpla con el criterio de unidad, concepto que asimilé en la Escuela de Arte, y que tiene relación con la buena interrelación entre las partes que forman el todo. Algo similar a lo que ocurre con el arte geométrico, donde siempre existe un equilibrio compositivo", señala.
Luego de su registro, Juan limpió las imágenes hasta quedarse con lo esencial. Fue a la municipalidad para investigar los planos y al Colegio de Arquitectos para saber quiénes eran los que se habían inspirado en las formas modernas, pero a la chilena: "Es como si todas estas casas se hubiesen construido en una oficina", acota. Pero sus indagaciones le dijeron lo contrario. Se trata de ocho arquitectos, tres de ellos extranjeros.
Además de la nostalgia, ¿qué te llevó a este resultado? Me interesa la ciudad y estoy muy familiarizado con la abstracción geométrica que aparece en la arquitectura. Logro descontextualizar ciertas formas y me las imagino puestas en un relieve. Me interesan el paisaje y la memoria de la ciudad; más bien hacer memoria de lo que era la ciudad antes del modelo de edificación impuesto por el sistema económico contemporáneo.
Casi tres años se demoró en hacer las matrices para estos grabados en tres dimensiones, que pueden llegar a tener 10 relieves distintos en una misma obra. "Esta técnica me llevó a cierta maestría en este tipo de trabajo que quiero seguir investigando. Me interesa el oficio, considero fundamental tener absoluto control de la técnica para que la idea central del trabajo no sea interferida por defectos formales", concluye. 1940-45, DGalería AFA, Pasaje Phillips 16; dpto. 16-A, Metro Plaza de Armas. Hasta el 30 de abril.
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