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El ahorro de energía tiene en general dos miradas: una es la de reducir los gastos monetarios y la otra es la de mejorar la calidad del aire: reducir el CO2. Para la mayoría, lo primero es lo relevante y fácil de entender. Lo segundo apunta a mejorar la calidad de vida y reducir los daños al planeta, postura que no todos visualizan. Sin embargo, ambas coinciden porque ahorrar dinero significa mejorar el planeta, y viceversa.
Por otro lado, descontaminar es un nuevo negocio y contaminar se castiga con multas.
Desde que soy asesor en ahorro de energía el 0% de los mandantes me pide mejorar el planeta, todos sólo quieren ahorrar dinero, y mientras más, mejor. Casi el 95% lo solicitan los dueños que han encargado un proyecto a sus arquitectos y sólo el 5% me lo solicita un arquitecto directamente. En suma, hasta ahora, son más de 850.000 los m2 asistidos con el fin de ahorrar energía, entre ellos hay industrias, hospitales, recintos educacionales, aeropuertos, hoteles, viviendas, edificios de oficinas y recintos destinados a comercio. En promedio se ha podido rebajar en 45 kWh/m2/año de acuerdo a las estimaciones, pero en realidad es menor, debiera ser como 20 kWh/m2/año, ya que las simulaciones computacionales son perfectas o ideales y el usuario finalmente climatiza menos de lo estimado.
Esto equivale a 1.700.000 kWh/año ahorrados. Si fuesen en base a parafina, son como $115.000.000 por año, y si son en electricidad, serían aproximadamente $205.000.000 por año. Es muchísimo dinero, lográndose por medio de estrategias simples (como reducir tamaño de vanos, mejorar aislación térmica, buena orientación solar, permitir sectorizaciones interiores, protecciones solares, colectores solares y abrir ventanas), sin incurrir en altos costos. Nunca forzando a contemplar estrategias complicadas de fachadas (pieles vidriadas ventiladas, extraños sistemas de captación en muros,etc.), ni tampoco alterando el diseño arquitectónico original.
Ahora, por el lado medioambiental, si esta cifra anual de kWh/m2 se multiplica por un factor promedio para energías convencionales, para ejemplificar (0.40), se obtienen como resultado 6.800 toneladas equivalentes de CO2/año ahorrados. Como referencia, una casa típica en Santiago llega a 16 tonCO2/año en contaminación (se debe mejorar), un auto que da 5 km/l y usándolo 1.000 km/mes da 5 tonCO2/año. Como verá, si usted tiene este auto, por favor no lo use más, use sólo la radio).
Teóricamente un árbol salva en promedio 0.02 tonCO2/año; por lo tanto estas asesorías equivalen a 340.000 árboles plantados. De esto último se desprende que habría que tener millones de bosques para ‘borrar’ los contaminantes en el aire de todas las edificaciones, cosa imposible, pues no hay espacio suficiente para ellos.
Lo que falta ahora es cuantificar la energía y de qué tipo se utilizó en la producción de los materiales usados. En general, los que más la necesitan son los metales, vidrios y plásticos, luego el concreto, después vienen los ladrillos y finalmente las maderas, fardos y adobes. De aquí se desprende que los más caros son los que requieren más energía y que los países en vías de desarrollo utilizan los con menos. En algunos países se rotula cuánto CO2 se emitió en su elaboración, para así supuestamente preferir el de la cifra menor (comparativamente: el con menos calorías o grasas, o aspartamo, etc., son los ideales si fuese un alimento).
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